La propuesta para trasladar la explotación comercial de la Copa del Mundo a una empresa con participación privada ha provocado una fuerte reacción política e institucional. El proyecto impulsado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, amenaza con alterar la estructura sobre la que se ha organizado el fútbol internacional durante décadas y podría desencadenar una ruptura abierta entre la FIFA y la UEFA.
Durante casi cien años, el Mundial ha estado controlado por una organización sin ánimo de lucro, pese a haberse convertido en uno de los productos deportivos más rentables del planeta. Ese modelo podría cambiar si prospera la iniciativa de Infantino para crear una compañía responsable de los principales activos económicos del torneo y permitir la entrada de inversores externos.
La idea ha generado rechazo entre federaciones, dirigentes políticos y organismos europeos, que consideran que la FIFA podría concentrar demasiado poder deportivo y comercial en una misma estructura.
Una empresa gestionaría los principales ingresos del Mundial
El proyecto contempla la creación de FIFA Forward Enterprise, conocida como FFE, una filial que se encargaría de administrar los derechos comerciales de la Copa del Mundo. Entre sus competencias estarían los acuerdos de patrocinio, las licencias, la venta de entradas y otros ingresos relacionados con la competición.
Las acciones de la nueva compañía se distribuirían principalmente entre las 211 federaciones nacionales que forman parte de la FIFA. Sin embargo, alrededor del 20 por ciento quedaría disponible para inversores privados, lo que supondría un cambio profundo respecto al funcionamiento tradicional de la organización.
La FIFA mantendría al mismo tiempo su autoridad reguladora. Continuaría definiendo el calendario internacional, aprobando las normas de las competiciones y exigiendo a los clubes que liberen a sus futbolistas para disputar los torneos de selecciones.
Este sistema permitiría a la federación internacional controlar las reglas del fútbol y beneficiarse directamente de su explotación económica. El modelo recuerda al funcionamiento de algunas ligas profesionales de Estados Unidos, donde la gestión deportiva y los intereses comerciales están estrechamente vinculados.
Bruselas y Francia preparan su respuesta
La Comisión Europea ya ha comunicado que analizará el proyecto promovido por Infantino. La investigación podría derivar en procedimientos relacionados con las normas de competencia si las autoridades consideran que la nueva estructura otorga una posición excesivamente dominante a la FIFA.
Francia también intenta impulsar una respuesta coordinada contra la iniciativa. El temor de varios gobiernos europeos es que la entrada de fondos privados termine condicionando decisiones deportivas, calendarios y criterios de organización.
Las críticas no se limitan al terreno económico. Algunos sectores consideran que la transformación de la FIFA en una plataforma abierta al capital privado podría debilitar los principios de transparencia, equilibrio competitivo y protección del interés general.
La UEFA amenaza con boicotear dos Mundiales
El conflicto más grave se desarrolla dentro de las propias instituciones del fútbol. Los 55 miembros de la UEFA acordaron por unanimidad amenazar con un boicot a los Mundiales de 2027 y 2030 si Infantino mantiene su propuesta.
La Copa del Mundo femenina de 2027 y el torneo masculino de 2030 quedarían directamente afectados por esta decisión. La edición de 2030 estará organizada principalmente por España, Portugal y Marruecos, por lo que una retirada de las federaciones europeas provocaría una crisis deportiva y económica de enormes dimensiones.
Una ruptura entre la FIFA y la UEFA afectaría a selecciones, clubes, patrocinadores, cadenas de televisión y aficionados. También pondría en duda la viabilidad de las principales competiciones internacionales, ya que Europa concentra algunas de las federaciones, ligas y selecciones con mayor valor comercial.
Un nuevo intento de transformar el negocio de la FIFA
Infantino ya ha promovido anteriormente proyectos destinados a ampliar los ingresos y la influencia política de la FIFA. En 2018 defendió la creación de un Mundial de Clubes con más participantes y una nueva competición mundial de selecciones respaldada por una financiación estimada en 25.000 millones de dólares.
Su gestión también ha estado marcada por decisiones polémicas. Entre ellas figura la creación de un premio de la paz entregado a Donald Trump y la posterior revisión de una tarjeta roja mostrada a un futbolista estadounidense durante el Mundial tras las presiones del entorno político norteamericano.
Para encontrar posibles accionistas de la nueva empresa, la FIFA ha recurrido a Thrive Capital, un fondo fundado por el hermano del yerno de Trump. Esta relación ha aumentado las dudas sobre los intereses que podrían rodear la futura estructura comercial.
Si el proyecto sale adelante, la FIFA dejaría de ser únicamente el organismo que regula el fútbol mundial para convertirse también en una compañía conectada de forma directa con inversores privados. Sus críticos temen que la búsqueda de beneficios termine situándose por encima del juego limpio, la honestidad y la independencia institucional.
El plan de Infantino no solo plantea una reforma económica. También amenaza con dividir a las principales autoridades del fútbol y provocar uno de los conflictos más graves de la historia reciente de este deporte.



















